El fútbol sin sentimientos

Hay una máxima en el fútbol inglés que dice aquello de “Never fall in love with a loan player” (Nunca te enamores de un jugador cedido) ya que si lo hacen bien al acabar la temporada se van a marchar y te dejarán con la miel en los labios de lo que pudo ser y nunca será.

Pues bien, con las propiedades que controlan los clubes de fútbol (y otros deportes) hoy en día sucede algo parecido.

Por mucha ilusión que haga que tu equipo lo controle ahora un magnate con mucho dinero o un fondo del país que sea que tiene dinero para aburrir y que prometan un futuro con competiciones europeas o buenos jugadores vistiendo la camiseta, nunca te enamores de un propietario.

Desde que Roman Abramovitch abriera la veda de gente con dinero comprando clubes de fútbol allá por 2003 el mundo del balompié ha visto cómo esto se convierte en algo habitual y ya son pocos los presidentes de toda la vida los que sobreviven.

De hecho en la Premier League, pionera en estas lindes, está controlada ya en su gran mayoría por “holdings”, inversores o multi propiedades. Ya nadie discute en el país que esta sea una práctica oscura, lo tienen asumido. En España aún quedan clubes que no han caído en las redes de ningún magnate o grupo empresarial que haya lanzado sus redes para atraparles.

Real Madrid, Barcelona y Athletic pertenecen a sus socios, aunque en el caso de los primeros es solo en la teoría ya que no ha habido elecciones desde 2009 al ser Florentino Pérez el único candidato. Caso aparte es el City Football Group con multipropiedad de equipos dónde ya hemos visto lo que han hecho con el Girona (o con el Troyes).

Este es el fútbol de ahora y al que por cierto los más jóvenes sólo entienden.

Los que peinamos canas hemos vivido otros tiempos donde el socio aún tenía importancia y el presidente de turno se atendía a las consecuencias. Ahora eso ya no existe.

En los tiempos del capitalismo ultra que vivimos el dinero manda más que nunca y el que más tiene más poder alberga. Los propietarios extranjeros que compran clubes no vienen a hacerte disfrutar ni a sentir los colores contigo.

Vienen a hacer negocio. Vienen a sacar un rédito económico y el día que no lo consigan se irán y venderán al club al mejor (o peor) postor y a otra cosa.

Suerte que no te toque ser parte de un club estado y que tu equipo mejore con dinero de dudosa procedencia para lavar la imagen de ciertos países.

Luego vendrá otro, que el tiempo dirá si es mejor o peor que el que estuvo antes.

Pero la realidad dice que utilizan los clubes como juguetes para pasárselo bien un rato y cuando se cansen ir a por otro o tirar este a la basura.

Con suerte no te tocará uno que venga a lavar dinero. Solo hace falta ver los casos de históricos como el Girondins de Burdeos ahora en la cuarta división francesa.

Que prometan Europa, fichajes top o un estadio más grande y bonito es solo pura fachada para sus negocios. Y es que el dinero no entiende de sentimientos (lo vemos con los jugadores) así que ni van a sentir nunca los colores ni van a ser nunca Uno di noi.

Y la cosa les puede salir bien, Abramovich fue campeón de Europa y ganó 21 títulos en total.

Pero cuando vengan mal dadas serán los primeros en abandonar el barco.

Esto no va de ir en contra de Pace o de Chen, esto va de no esperar más de la cuenta de un propietario que ni entiende de colores ni le interesa. No funcionan así.

Tendrán ilusión al comienzo y es posible que inviertan dinero. Lo vimos con Chen, fue clasificarnos para Europa y decidió dejar de invertir dinero. Justo cuando el club más lo necesitaba. La oportunidad perfecta.

Luego vivimos el infierno en dos ocasiones. La realidad de hoy en día es esta. Y por encima de todo, que nunca nos quiten la ilusión de ver a nuestro equipo en lo alto de la clasificación o haciendo historia.

Que sigamos llenando el estadio con una sonrisa. Eso sí, resultará mejor para nuestra salud mental si dejamos de ilusionarnos más de la cuenta con lo que puede hacer un propietario con dinero

MARCOS MARTÍN

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