El Espanyol Femenino dejó escapar dos puntos muy valiosos en la Ciutat Esportiva Dani Jarque tras empatar ante un rival de la zona baja en un partido que, por contexto y clasificación, era de obligado triunfo para las blanquiazules. El empate prolonga la mala dinámica en casa y vuelve a evidenciar los problemas ofensivos y de organización del equipo.
Buen inicio sin continuidad
El Espanyol entró al partido con intensidad y decisión, consciente de la importancia del encuentro. En los primeros minutos generó dos disparos a portería: primero Judit, con un zurdazo que atrapó Miralles sin dificultades, y después Lucía Vallejo, cuyo intento obligó a intervenir con más esfuerzo a la guardameta visitante.
Sin embargo, el impulso inicial se diluyó rápidamente. En un despiste defensivo, Falfán recibió sola dentro del área pequeña, pero Romy Salvador volvió a sostener al equipo con una intervención decisiva, evitando el 0-1.
El penalti adelantó al Espanyol
En el minuto 29 llegó la acción más clara de la primera mitad. Un buen centro de Cristina Baudet dejó en ventaja a Browne, que fue agarrada por Marta Masferrer dentro del área. La colegiada señaló penalti y Laia Ballesté lo transformó con sangre fría, ejecutándolo a lo panenka.
Antes del descanso, Naima García intentó ampliar la ventaja con un potente disparo lejano que se marchó alto. La atacante fue una de las jugadoras más activas del primer tiempo, confirmando su buen momento tras encadenar titularidades.
El Espanyol se apaga tras el descanso
Tras el paso por vestuarios, con la entrada de Paula Arana por Baudet, el equipo perdió claridad y control del partido. La reanudación fue irregular y sin dominio local.
En el minuto 56 llegó el golpe del empate: penalti señalado por agarrón de Amaia Martínez, pese a las protestas del banquillo perico. El DUX Logroño no perdonó desde los once metros e igualó el encuentro.
A partir de ese momento, el Espanyol mostró falta de ideas en ataque y fragilidad defensiva, permitiendo que el rival creciera en el partido. Romy Salvador volvió a aparecer en el minuto 72 con una parada con los pies que evitó la remontada visitante.
Empuje final sin premio
En los últimos minutos, el Espanyol se volcó al ataque más por necesidad que por convicción. En el tiempo añadido, Ángeles tuvo la ocasión más clara con un disparo lejano aprovechando la salida de Miralles, pero el balón se marchó por poco. El pitido final confirmó un empate que deja un sabor muy amargo.
Un empate que evidencia los problemas
El resultado supone una oportunidad perdida ante un rival que pelea por evitar el descenso y agrava la preocupación por el rendimiento del equipo como local, donde la afición sigue sin ver una victoria desde octubre.
Más allá del marcador, el partido vuelve a mostrar un Espanyol sin fluidez ofensiva, con dificultades para generar ocasiones claras y sin una idea de juego reconocible. El equipo compite por momentos, pero carece de continuidad y claridad cuando tiene el balón.
Con calidad individual en la plantilla, el problema no parece estar en los nombres, sino en el funcionamiento colectivo. Y en un partido marcado como “prohibido fallar”, el Espanyol volvió a fallar.


