La situación del equipo es nefasta, yo también tengo miedo por el peor descenso de los últimos años y volver a estar en segunda división, lo reconozco.
Pero creo que un cambio de entrenador a 5 partidos del final, no tiene ningún sentido. La imagen de los jugadores en Vallecas, con Roberto y Edu Expósito al borde de las lágrimas, reflejaba la dura realidad de un vestuario que parece haber tocado fondo.
Y cuando se toca fondo, es cuando se ve la realidad. El equipo ha de afrontar el partido del lunes como si fuera la jornada 38 del año pasado ante Las Palmas.
Manolo ha de salir con los once jugadores que sepa que van a dejárselo todo en el césped, y que se vea fuego en los ojos de los jugadores, que quieran ganar el partido desde el calentamiento. Solo así, con corazón, sentimiento y algo de fútbol, podremos ganar a un crecido Levante.
Y yo lo tengo claro: Animar, animar y seguir animando. Porque ya se ha demostrado que estos jugadores, cuando se está con ellos, responden.
Y Manolo hasta final de temporada, pase lo que pase.
Es nuestro entrenador, el de la salvación más agónica desde el gol de Coro, el del ascenso, y es la luz de nuestro sentimiento en momentos de dificultad e incertidumbre.
El lunes, nueve de la noche, todos al templo, tenemos una final que jugar, y como se suele decir: «Las finales no se juegan, se ganan.»


